La Música En El Cine Cubano


La Música En El Cine Cubano
Cuba fue el tercer país de América Latina, después de Argentina y México, donde asombró la magia de los Lumiere. A las 6 de la tarde del 24 de Enero de 1897.Entre las cintas exhibidas en esa ocasión, 8 en total, había una titulada “Baile de Tropa”. La primera y breve película cubana se tituló “Simulacro de Incendio”, de 7 de febrero de 1897, hecha por el mismo francés Gabriel Veyre que trajo el cine, y ya la primera producción nacional se estrenó en 1898, “Un brujo desapareciendo”, comercial sobre una cerveza.

A “El parque de Palatino”( 1906) y “Manuel García, Rey de los campos de Cuba” (1913), siguieron otros filmes, como “El veneno de un beso (1929) y “La virgen de la Caridad” (1930).

En ese mismo año se funda la Compañía Cinematográfica Cubana por Ramón Peón, Antonio Perdices Y otros. La utilización directa de la música en el cine viene aparajeda con el nacimiento del sonido en este medio, y el cine sonoro y musical cubano nace cuando se estrena el filme “Maracas y Bongó”, en 1932, de Max Tosquella y Ernesto Caparrós.

Tiempo atrás en algunas salas se habían instalado equipos que producían música en sincronía con las imágenes. Esto motivó un mercado para la música en el séptimo arte, con creciente especialización, hasta que se ha llegado a considerar el sonido musical como un personaje más de la trama. En la isla se recuerdan a numerosos pianistas que comenzaron su vida laboral “amenizando” el argumento de cintas mudas, adecuando muchas veces a su buen o mal entender su ejecución con los pasajes del film. También pequeños grupos musicales hicieron este trabajo.

Con el cine sonoro, los filmes rodados en Cuba contaron con obras especialmente compuestas a este fin, o que adecuaron composiciones famosas. En los finales de la década del 30, y en los 40’s se rodaron más de 15 filmes de carácter musical u otros donde la música estaba presente, con intervención de destacados músicos, como en “Sucedió en la Habana”, con Rita Montaner, o “Romace del Palmar”, donde actuaron Lorenzo Hierrezuelo y Francisco RepiladoLos Compadres.

En la década de los 50 igualmente se hicieron filmes donde la música ocupó un mayor o menor rango. “Música, mujeres y piratas”, donde intervienen la Sonora Matancera y la Orquesta Cosmopolita; “Cuba canta y baila” y “Siete Muertes a plazo fijo”, con música de Osvaldo Farrés e intervenciones de Boby Collazo y Humberto Suárez, Vilma valle, Manolo Fernández y Elizabet del Río. “Hotel de muchachas”, con Pérez Prado” (Cristóbal Díaz Ayala,”Del areíto a la Nueva Trova“, Puerto Rico, 1981, pags.209,210).

En 1960 el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC, impulsa y sistematiza este trabajo, que contó inicialmente con creadores como Harold GramatgesJosé ArdévolJuan Blanco, y Carlos Fariñas. “Si bien en los primeros filmes del cine cubano revolucionario es posible detectar rasgos estilísticos propios de cada uno de los compositores, luego se percibe un esfuerzo por adaptarse al medio e integrar la música a la película, lo que implicaba cierta renuncia a posiciones estéticas individualmente adoptadas, ante un fenómeno eminentemente colectivo y conscientemente asumido. Harold Gramatges, al escribir la música para uno de los cuentos de “Historias de la Revolución”, primer largometraje del ICAIC (1960), así como para “Cuba, pueblo armado” y “Carnet de viaje”, documentales de Joris Ivens, de 1961, evidencia los principales rasgos de su formación sinfónica.

En cambio, en la música para “El cimarrón” de Sergio Giral (1967) se percibe en Gramatges un viraje en cuanto al empleo de nuevos recursos sonoros. Juan Blanco fue el autor de la música de “El mégano” filme precursor, en la época de la lucha clandestina contra Batista, de nuestro cine revolucionario. Más tarde hizo la partitura de “Esta tierra nuestra”, documental de Tomás Gutiérrez Alea; del largometraje “Las doce sillas”, del mismo director, y de otros filmes. Blanco, generalmente considerado como el experimentador por excelencia en nuestra música de los años sesenta (música concreta, espacial, aleatoria, etc. ) se muestra relativamente mas conservador en su trabajo para el cine, en función de las exigencias de cada película. (Leonardo Acosta, “Del Tambor al sintetizador”, La Habana, 1983). Después comenzaron a trabajar para el cine diversos autores cubanos, en especial Leo BrouwerSergio Vitier, Roberto Valera y Juan Márquez, además que en ciertas cintas se comenzó a incorporar temas de música popular. “En este sentido hay que destacar la labor de Sara Gómez quien buscó el concurso de músicos no solo de formación técnica sólida, sino también familiarizados con nuestra música popular como Rembert EgüesChucho Valdés.

También fue suya la idea inicial para la música del largometraje “Cumbite” de Tomas Gutiérrez Alea, para el cual se fabricaron especialmente instrumentos típicos de la música haitiana y se llamó al gran percusionista cubanoTata Güines. Esta tendencia cobra verdadera fuerza con la creación del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Aparte de la música compuesta por algunos de sus integrantes, como Eduardo Ramos o Emiliano Salvador, vinculados a la música popular, las canciones de trovadores como Pablo Milanés y Silvio Rodríguezcomenzaron a formar parte integral de muchos documentales de Santiago álvarez, Octavio Cortazar, Miguel Fleites, Manuel Pérez y otros cineastas.

La nueva canción y el nuevo cine se complementaban y reforzaban mutuamente. Aunque algunos compositores se han alejado del trabajo para cine, otros han seguido desarrollando una labor constante para los estudios cinematográficos ( Leo Brower, Sergio Vitier, Juan Márquez).

Podemos distinguir entre los músicos cubanos distintas maneras de encarar la composición para el cine. Carlos Fariñas, por ejemplo, se caracteriza por un lenguaje musical complejo, con una trama sonora densa y cargada de dramatismo que se desprende a veces del propio discurso musical tanto como de elemento de contraste.

El resultado ha sido muy eficaz en largometrajes como “Mella” y “Aquella larga noche”, ambos de Pineda Barnet. Cierto contraste con Fariñas podemos encontrarlo en Leo Brouwer, quien en su larga asociacion al cine cubano y por un proceso de progresiva decantación, ha llegado al extremo de la sencillez y la economía de medios como demuestran sus”… “partituras para “La última cena” y “Los sobrevivientes”.

Por su parte, Sergio Vitier prefiere recursos que a algunos podrán parecer anticuados pero que maneja con gran efectividad como son pasajes de un marcado lirismo casi siempre a cargo de las cuerdas o el empleo de melodías o secuencias rítmicas que actúan como leit-motiv, […] Juan Márquez en sus numerosas partituras demuestra no sólo su oficio como músico, sino también una creciente comprensión del medio y el eficaz empleo combinado del lenguaje sinfónico y el popular. Márquez ha compartido también las labores de dirección orquestal con Manuel Duchesne Cuzán; jefe del departamento de Música del ICAIC y director de la Orquesta Sinfónica Nacional“. Igualmente cabe destacar las aportaciones de músicos singulares como José María Vitier, que se mueve en el ámbito popular y la academia, asentado sobre sólidas bases cubanas.

Existen asimismo documentales dedicados a figuras y géneros de la música popular cubana como “Nosotros la música”, (largometraje, de los pocos hechos, de Rogelio París); “Chicho Ibañez”, de Juan C. Tabío; “¡Qué bueno canta usted!”, dedicado a Beny Moré, de Sergio Giral; “Hablando del punto cubano”, de Octavio Cortázar; “La conga” y “Tonadas trinitarias” de Hector Veitía; “La rumba”, “Rompiendo la rutina”, (sobre Antonio Arcaño) y “A ver que sale” (sobre Juan Formell y Van Van), de Oscar Valdés; Ignacio Pineiro y “De dónde son los cantantes”, de Luis Felipe Bernaza; “Caturla” de Pury Faget; “Buscando a Chano Pozo“, así como “Homenaje a la guitarra”, de Bernabé Hernández, quien igualmente ha filmado sobre temas folclóricos y de canto político; y “Yo soy del son a la salsa” de Rigoberto Senarega Es de señalar la presencia de música cubana en filmes extranjeros, sobre todo mexicanos y nortemericanos desde la decada de los 30, sea en versiones edulcoradas de géneros nacionales o en temas originales o en versiones de artistas de esos países, con Nilo Menéndez y Ernesto Lecuona entre los pioneros.

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