Provincias de Cuba


Camaguey

La Ciudad de Camagüey fue fundada en la segunda década del siglo XVI con el nombre de Santa María del Puerto del Príncipe. Los constantes ataques de corsarios y piratas obligaron a sus primeros moradores a trasladarla hacia el interior de la isla y en 1528 se asentó definitivamente en el cacicazgo indígena de Camagüey o Camaguebax, en el centro de la provincia.

Esta ciudad se caracteriza por la gran cantidad de plazas y parques, entre los que destacan La Plaza de San Juan de Dios, construida en el siglo XVIII y el Parque Ignacio Agramonte, que fuera Plaza de Armas en época de la colonia. La sobriedad de su arquitectura colonial y la tradicional inclinación de sus habitantes por las expresiones artísticas son elementos que han enriquecido la vida espiritual y cultural de la ciudad.

Los grandes tinajones de barro cocido, que todavía hoy se utilizan para almacenar el agua de lluvia en los patios interiores de muchas casas de Camagüey, constituyen actualmente el símbolo distintivo de la ciudad.

Hoteles Horizontes le ofrece la posibilidad de alojarse en el Hotel Camagüey a pocos kilómetros de la ciudad y poder disfrutar del más grande y uno de los mejor conservados centros históricos de la Isla.

Ciego de Ávila
La provincia de Ciego de Ávila, en la parte centro-oriental de la mayor de Las Antillas, cuenta entre sus atractivos con un enorme potencial en la industria azucarera, acompañado de las características únicas que aporta una cultura centenaria. La región centro-oriental de la mayor de Las Antillas acoge en sus límites a la provincia de Ciego de Ávila, plaza fuerte para el turismo de playa, con el atractivo adicional de la naturaleza, cultura e historia.

La provincia de Ciego de Ávila, en la porción oriental de la mayor de Las Antillas, cuenta a su favor con importantes atractivos que respaldan el dinámico crecimiento de la industria del ocio en el territorio, visitado cada año por miles de visitantes. Ciego de Ávila cuenta entre sus atractivos con el destino turístico Jardines del Rey, decenas de kilómetros de excelentes playas, naturaleza única y una enorme riqueza de historia y tradiciones. Morón, La Ciudad del Gallo, es historia centenaria en el oriente cubano.

Cienfuegos 
Localizada en la región centro-sur de la Isla y con un producto turístico peculiar, en el cual destacan como elementos fundamentales su enorme potencial náutico y sus ricas tradiciones histórico-culturales, la provincia de Cienfuegos constituye hoy un sitio de tránsito obligado para la mayoría de los circuitos que recorren el país. Sin dudas su atractivo mayor es la propia ciudad capital, de idéntico nombre y único asentamiento fundado por colonos franceses procedentes de Burdeos, Filadelfia y Louisiana.

A Don Louis D’Clouet atribuye la historia el nacimiento, el 22 de abril de 1819, de la colonia de Fernandina de Jagua, que en 1829 recibiera el título de villa y en 1880 la condición de ciudad. A Cienfuegos se le reconoce indistintamente como la Perla del Sur o la linda ciudad del mar; e incluso uno de sus hijos más ilustres, el sonero mayor Benny Moré, la definía con orgullo como “la ciudad que más me gusta a mí”.

En todos los casos, se trata de apelativos que hacen justicia a la belleza de una urbe definitivamente asentada en las márgenes de la apacible Bahía de Jagua y que llama la atención del visitante tanto por el perfecto trazado rectilíneo de sus calles, como por el impresionante conjunto de valores histórico-culturales y arquitectónicos que conforman su centro histórico, declarado Monumento Nacional. El núcleo urbano original siguió en su desarrollo el estilo colonial de construcción, que partía de una Plaza de Armas (en la actualidad parque José Martí), en torno a la cual se trazaron las primeras 25 manzanas y se agruparon las más importantes edificaciones gubernamentales, religiosas y domésticas.

En el Parque Martí se levanta desde 1902 el único Arco de Triunfo existente en Cuba y en su entorno se encuentran, entre otras construcciones de alto valor, la Catedral de Nuestra Señora de la Purísima Concepción (1819); el teatro Tomás Terry, uno de los tres más importantes de la Isla en el siglo XIX; y el Palatino, considerado el edificio más antiguo de la plaza.

Ciudad de La Habana 

La capital cubana es, sin dudas, el destino turístico por excelencia de la mayor de las Antillas. Y dentro de ésta su centro histórico “declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1982” resulta un punto de obligada referencia para cuanto visitante llega a esta urbe, durante siglos considerada la llave del Golfo de México.

Al lejano noviembre de 1519 se remonta la fundación, en su emplazamiento definitivo junto al canal de entrada de una bien protegida bahía, de la villa de San Cristóbal de La Habana, convertida con el tiempo en punto de encuentro de las flotas españolas que trasladaban a la metrópolis las riquezas extraídas de sus dominios en el llamado Nuevo Mundo, y eje fundamental en el comercio y las comunicaciones entre éste y el Viejo Continente.

Semejantes ventajas, derivadas esencialmente de su estratégica posición geográfica, incidieron también de manera directa sobre el ulterior desarrollo de la próspera villa, que comenzó a crecer al amparo de un sistema defensivo sin par en la América hispana y rodeada por una muralla cuya construcción (iniciada en la segunda mitad del siglo XVII y concluida más de 100 años después) se consideró desde su inicio ineficaz y costosa.

El Templete, un pequeño edificio neoclásico inaugurado en 1828, es el sitio donde cada 16 de noviembre los habaneros festejan la celebración de la primera misa y el primer cabildo de San Cristóbal de La Habana, y el punto a partir del cual se inician –por lo general– los recorridos turísticos por el núcleo original de la capital cubana.

A escasos pasos de allí se encuentran la Plaza de Armas, en torno a la cual se levantan el imponente Castillo de la Real Fuerza (1577) –donde hoy se exhibe la colección de cerámica artística más importante de la Isla y sobre cuya torre se erige La Giraldilla, una artística veleta símbolo de la ciudad– y los Palacios de los Capitanes Generales (Museo de la Ciudad) y del Segundo Cabo.

Otras tres plazas y sus edificaciones colindantes despiertan invariablemente el interés de sus visitantes: la Plaza de la Catedral, rodeada por opulentas mansiones; la recién restaurada Plaza Vieja, donde sobresale la casa de los Condes de San Juan de Jaruco; y la Plaza de San Franscisoo de Asís, aledaña a la iglesia y el convento de igual nombre, en uno de cuyos claustros se encuentra el Museo de Arte Sacro.

Grannma
Una rica tradición histórica, el fascinante contraste de sus paisajes (que combinan mar, montañas y fértiles llanos) y su pródiga naturaleza, constituyen los atractivos mayores sobre los cuales se sustenta el incipiente desarrollo turístico de la provincia Granma, amplia llanura cortada en dos por el macizo montañoso de la Sierra Maestra, bañada por el extenso río Cauto y extendida sobre 8 362 km2 en la porción sureste de la isla de Cuba.

En este territorio se localiza el 48% de todos los sitios históricos del archipiélago cubano y su propia ciudad cabecera, Bayamo, ostenta la condición de Monumento Nacional. Fue la segunda villa fundada por los colonizadores españoles (1513); ostentó el privilegio de ser declarada capital de la República en Armas apenas diez días después de iniciarse en La Demajagua la gesta independentista cubana (10 de octubre de 1868), y ante la inminente posibilidad de caer en manos de las huestes de la metrópolis sus ciudadanos resolvieron incendiarla (12 de enero de 1869) para dejarles sólo las cenizas de la aguerrida villa.

Bayamo, eso sí, debe recorrerse en coches tirados por caballos, el medio de transporte por excelencia de una ciudad que preserva en su centro histórico la plaza donde por primera vez se cantó el Himno Nacional (20 de octubre de 1868); la Casa de la Nacionalidad Cubana, y la Iglesia Parroquial de San Salvador de Bayamo, que conserva celosamente el único fresco con motivo patriótico en una iglesia de la Isla y mantiene abierta la Capilla de Dolores (1740), cuyo retablo barroco figura entre los más hermosos del país.

La casa natal del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes; el Convento de Santo Domingo, o la conocida Ventana de Luz Velásquez, donde se cantó la primera canción trovadoresca cubana, La Bayamesa, son otros de los sitios de interés de una localidad muy cerca de la cual, en Dos Ríos, un monumento recuerda el lugar exacto donde cayera en combate el Héroe Nacional, José Martí, el 19 de mayo de 1895.

En las inmediaciones del poblado de Guisa, el jardín botánico de Cupaynicú extiende una invitación al visitante, mientras las ruinas del ingenio La Demajagua imponen un alto en el camino a Manzanillo, ciudad costera bañada por las aguas del Golfo de Guacanayabo, rodeada de historias de piratas y cuya glorieta morisca constituye sin dudas su rasgo más distintivo.

Dos parques nacionales: el Desembarco del Granma y el Sierra Maestra confluyen en los límites de esta provincia. El primero de éstos ocupa 27 545 hectáreas y su atractivo mayor lo constituye el sistema de terrazas marinas cársicas mejor conservado del archipiélago y reconocido por la UNESCO como uno de los más representativos a nivel internacional.

Guantánamo
Región predominantemente montañosa, de muy marcados contrastes y donde único pueden localizarse en la Isla zonas de paisaje semidesértico, Guantánamo es la más oriental de las provincias cubanas.

Poco más de 900 kilómetros separan a la capital cubana de este territorio (parte del cual es ilegalmente ocupado por una base aeronaval estadounidense), que tiene en Baracoa, la Ciudad Primada de Cuba, su puerta de entrada al turismo internacional.

Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa (1512) fue la primera de las siete villas fundadas en la mayor de las Antillas por el Adelantado español Diego Velásquez, convirtiéndose de hecho en la primera capital y el primer Obispado.

Hoy constituye un pintoresco poblado de poco más de 900 km2 de superficie, en cuyo entorno se conservan zonas boscosas similares a las de los tiempos de la conquista y al cual muchos identifican con una sui-géneris elevación de cima aplanada bautizada como el Yunque de Baracoa.
El propio acceso por tierra a esta localidad constituye de por sí un atractivo para el visitante, pues debe hacerse a través de La Farola, un serpenteante viaducto construido en la primera mitad de la década de 1960, en el que existen 11 puentes colgando al vacío y cuya altura máxima se localiza en el lugar conocido como Altos de Cotilla, a 600 metros sobre el nivel del mar. No obstante, la ciudad dispone de un aeropuerto nacional en el cual operan aeronaves de mediano y pequeño porte.

En Baracoa se conservan aún claras evidencias del sólido sistema de fortalezas coloniales que la defendían del asedio de piratas y corsarios, como los fuertes Matachín, sede del Museo Municipal, La Punta y Seboruco; los torreones de Joa y Caguase, o el propio Castillo de la villa, devenido confortable hotel.

Pero además, en su iglesia parroquial se preserva la única Cruz de la Parra (primer símbolo cristiano aparecido en la Isla) de las 29 que colocó en distintos sitios el almirante genovés Cristóbal Colón durante su viaje de descubrimiento del llamado Nuevo Mundo.

El obelisco de Duaba, colocado en el lugar por donde desembarcara el 1ro. De diciembre de 1895 el lugarteniente general del Ejército Libertador, Antonio Maceo y Grajales, uno de los más relevantes próceres de la independencia nacional.

Los ríos Miel, Duaba, Yumurí y Toa, todos apropiados para un paseo en cayuca (embarcación típica de la región); y el Paso de los Alemanes, una montaña partida en forma de cuña interpuesta en el camino que conduce a la Punta de Maisí, el extremo más oriental de la Isla, son puntos a tener en consideración en la ruta de todo visitante.

También la playa Maguana; los tibaracones del Alto del Pino, llamativos fenómenos naturales; las terrazas de La Máquina, o los Monitongos de Hatibonico y el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, este último localizado en el macizo montañoso Moa-Sagua-Baracoa y donde convergen los ríos más caudalosos y los bosques mejor conservados del país.

Región predominantemente montañosa, de muy marcados contrastes y donde único pueden localizarse en la Isla zonas de paisaje semidesértico, Guantánamo es la más oriental de las provincias cubanas.

Poco más de 900 kilómetros separan a la capital cubana de este territorio (parte del cual es ilegalmente ocupado por una base aeronaval estadounidense), que tiene en Baracoa, la Ciudad Primada de Cuba, su puerta de entrada al turismo internacional.

Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa (1512) fue la primera de las siete villas fundadas en la mayor de las Antillas por el Adelantado español Diego Velásquez, convirtiéndose de hecho en la primera capital y el primer Obispado.

Hoy constituye un pintoresco poblado de poco más de 900 km2 de superficie, en cuyo entorno se conservan zonas boscosas similares a las de los tiempos de la conquista y al cual muchos identifican con una sui-géneris elevación de cima aplanada bautizada como el Yunque de Baracoa.

El propio acceso por tierra a esta localidad constituye de por sí un atractivo para el visitante, pues debe hacerse a través de La Farola, un serpenteante viaducto construido en la primera mitad de la década de 1960, en el que existen 11 puentes colgando al vacío y cuya altura máxima se localiza en el lugar conocido como Altos de Cotilla, a 600 metros sobre el nivel del mar. No obstante, la ciudad dispone de un aeropuerto nacional en el cual operan aeronaves de mediano y pequeño porte.

En Baracoa se conservan aún claras evidencias del sólido sistema de fortalezas coloniales que la defendían del asedio de piratas y corsarios, como los fuertes Matachín, sede del Museo Municipal, La Punta y Seboruco; los torreones de Joa y Caguase, o el propio Castillo de la villa, devenido confortable hotel.

Pero además, en su iglesia parroquial se preserva la única Cruz de la Parra (primer símbolo cristiano aparecido en la Isla) de las 29 que colocó en distintos sitios el almirante genovés Cristóbal Colón durante su viaje de descubrimiento del llamado Nuevo Mundo.

El obelisco de Duaba, colocado en el lugar por donde desembarcara el 1ro. de diciembre de 1895 el lugarteniente general del Ejército Libertador, Antonio Maceo y Grajales, uno de los más relevantes próceres de la independencia nacional; los ríos Miel, Duaba, Yumurí y Toa, todos apropiados para un paseo en cayuca (embarcación típica de la región); y el Paso de los Alemanes, una montaña partida en forma de cuña interpuesta en el camino que conduce a la Punta de Maisí, el extremo más oriental de la Isla, son puntos a tener en consideración en la ruta de todo visitante.

También la playa Maguana; los tibaracones del Alto del Pino, llamativos fenómenos naturales; las terrazas de La Máquina, o los Monitongos de Hatibonico y el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, este último localizado en el macizo montañoso Moa-Sagua-Baracoa y donde convergen los ríos más caudalosos y los bosques mejor conservados del país.

Holguín
Nunca antes tan hermosa cosa vido, fueron las palabras que –según los testimonios históricos– pronunciara el 27 de octubre de 1492 el gran almirante de la Mar Océana, Cristóbal Colón, al pisar por primera vez suelo cubano en un perdido punto del litoral oriental, Bariay, inscripto en la actualidad dentro de los límites territoriales de Holguín.

Con más de 9 300 km2 de superficie, un 25% de la cual está cubierta de bosques, esta provincia se localiza en la porción nororiental de la Isla y, aunque con un acelerado desarrollo de sus infraestructuras turísticas, tiene en la agroindustria azucarera y la explotación de sus gigantescos yacimientos de níquel dos de sus principales sostenes económicos.

A Holguín se le conoce como la ciudad de los parques, por la profusión de estos espacios abiertos que la adornan y distinguen, y se le identifica por la Loma de la Cruz, una elevación que marca el norte geográfico y cuya cima es coronada por una gigantesca cruz de madera.

Precisamente al pie de esta montaña, que resulta un excelente mirador natural, los holguineros celebran cada año las Romerías de Mayo, tradicional festejo popular que junto a la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, en octubre, constituyen dos de los momentos más importantes en el diverso quehacer cultural de la ciudad.

Dos recintos religiosos, las iglesias de San Isidoro y San José, resultan admirables por su arquitectura dentro de esta urbe que cuenta, además, con uno de los museos de historia natural más completos del país y un centro de atención a drogadictos, El Quinqué, único de su género en la Isla.

Tierra de descubrimientos, ofrece además a sus visitantes la posibilidad de disfrutar jornadas memorables en los más variados escenarios naturales. Guardalavaca, Playa Esmeralda y Pesquero, son todas playas de aguas límpidas, cálidas y transparentes; de fina arena blanca, abundante vegetación costera, y rodeadas por una singular topografía ondulada. Existen allí excelentes condiciones para la práctica del buceo en un jardín de corales que ha crecido en medio de un relieve marino irregular y complejo.

Isla de la Juventud
Al municipio especial Isla de la Juventud, la mayor entre las más de 600 ínsulas que conforman el sureño Archipiélago de los Canarreos, muchos suelen llamarla “la isla de los mil nombres”. Camarcó la nombraban los aborígenes cuando en su segundo viaje al Nuevo Mundo fue descubierta, el 13 de junio de 1494, por el almirante genovés Cristóbal Colón, quien entonces la bautizó como La Evangelista. Isla del Tesoro o Isla de las Cotorras, fueron nombres con los que también se le conoció antes que a principios del siglo XIX España decidiera colonizarla, dando origen a la colonia Reina Amalia cuya capital, Nueva Gerona, fue fundada el 17 de diciembre de 1830.

Bajo dominio peninsular comenzó a llamársele Isla de los Deportados, pues precisamente allí cumplían condena quienes se oponían al dictado de la metrópolis, y posteriormente Isla de Pinos, nombre con el cual llegó al año 1975 cuando se resolvió denominarla Isla de la Juventud. Distante a poco más de 100 kilómetros al sur de Batabanó, en la provincia de La Habana, esta enorme isla de forma caprichosa y unos 2 200 km2 de superficie “lo que la convierte en la segunda en extensión del archipiélago cubano” fue durante más de tres siglos sitio de obligado recalo para cuanto pirata o corsario surcara las aguas del Mar Caribe.

Amenazada por Inglaterra, solicitada en compra por Bélgica y disputada por los Estados Unidos de Norteamérica, sirvió también de asentamiento a colonias de japoneses y caymaneros, estos últimos llegados entre 1903 y 1910 al sur occidente del territorio, donde fundaron la villa de Jacksonville. Numerosos atractivos turísticos atesora la Isla de la Juventud, aunque sin dudas el más conocido de todos es el centro internacional de buceo El Colony, localizado en áreas del parque nacional marino Punta Francés, sede tradicional de los encuentros internacionales de fotografía submarina, Photosub, lo cual testimonia la excelente calidad de sus fondos marinos.

La Habana
Con un fuerte componente de los sectores agrícolas y pesquero en su base económica, la provincia de La Habana –surgida como resultado de la nueva división político-administrativa de 1975– tiene en sus playas de blancas arenas y en el tranquilo entorno de sus campos dos elementos de alta significación para potenciar el desarrollo turístico.

Desde siempre Jibacoa, un polo turístico localizado en el noreste de La Habana, ha atraído la atención de nacionales y foráneos por la excelente calidad de sus playas, de aguas cálidas y tranquilas que al estar flanqueadas por elevaciones de hasta 100 metros de altura que discurren paralelamente a la costa confieren al lugar una incomparable sensación de privacidad. Sectores acantilados, un fondo marino rico y muy bien conservado y el disfrute de hermosas visuales, constituyen otros atributos que junto a la exuberante vegetación que rodea su entorno realzan los valores turísticos de esta zona, virtualmente ubicada a mitad de camino entre la capital cubana y el balneario de Varadero.

Muy cerca de allí, Puerto Escondido y el Peñón del Fraile ofrecen al visitante la posibilidad de disfrutar de un hermoso paisaje marino y advertir, además, la presencia de numerosos pozos para la extracción de petróleo y gas, una actividad que cobra creciente importancia en la economía habanera. Camino a la Ciudad de La Habana, en el poblado de Santa Cruz del Norte se encuentra la mayor planta productora de ron de América Latina, en cuyas bodegas nace el famoso ron Havana Club.

En el litoral de esta pequeña localidad numerosas bases de campismo representan una posibilidad más de disfrutar, en instalaciones más económicas, de las playas habaneras. Hay que continuar avanzando hacia el occidente y dejar atrás la capital cubana para acceder al otro balneario de importancia de la provincia La Habana: El Salado, distante a poco más de 30 kilómetros del aeropuerto internacional José Martí y con una íntima playa protegida por un arrecife coralino, lo que propicia la existencia de magníficas condiciones para la práctica del buceo.

Desde allí resulta fácil desplazarse hasta Artemisa, donde el área de recursos manejados Rancho Azucarero y las ruinas del célebre cafetal La Angerona merecen la atención del visitante. Tierra adentro La Habana tiene otros muchos atractivos que mostrar, entre éstos el único Museo del Humor de la Isla, situado en la localidad de San Antonio de los Baños, sede tradicional de las Bienales Internacionales del Humor. Las Escaleras de Jaruco muestran un paisaje singular resultante de la propia topografía del terreno y donde la existencia de numerosos farallones y cavernas la convierten en escenario para la práctica del turismo de aventuras y el espeleoturismo

En la costa sur, el Surgidero de Batabanó (puerto de enlace marítimo con la Isla de la Juventud) proporciona la oportunidad de conocer una de las principales reservas de esponjas marinas del archipiélago cubano y un importante centro de captura de quelonios y crustáceos.

Las Tunas
De muy reciente aparición en el escenario turístico internacional de la mayor de las Antillas, la provincia de Las Tunas abarca 6 584 km2 de la porción nororiental de la isla de Cuba y cuenta con más de 35 playas absolutamente vírgenes en sus 265 kilómetros de costas irregulares.

La producción azucarera y la ganadería son las dos actividades económicas fundamentales de este territorio, del cual existen referencias históricas desde 1510, pero que sólo a partir de la segunda mitad del siglo XVIII comenzó a poblarse muy lentamente.

La villa de Tunas fue fundada en 1759 y hoy constituye una ciudad considerada la capital de la escultura en Cuba, pues en sus poco más de 600 km2 de extensión se exhiben unas 70 obras monumentales y ambientales.

Sitios de relevancia vinculados con la gesta independentista cubana iniciada en el siglo XIX existen muchos en esta provincia y evidencias de esta activa participación pueden encontrarse en el museo provincial General Vicente García. Hay también testimonios en piedra, como el Fuerte de la Loma (Monumento Nacional) construido en Puerto Padre, un asentamiento que comenzó a crecer casi a finales de la década de 1860 y que hoy atesora una verdadera curiosidad natural: en su malecón se encuentra uno de los pocos manantiales de agua dulce de la isla que vierte sus aguas en la orilla del mar.

Puerto Padre es, además, la localidad más próxima al área de incipiente desarrollo turístico de Las Tunas: la playa Covarrubias, de finas arenas blancas, bañada por el Atlántico y protegida por una barrera coralina de alrededor de tres kilómetros de extensión, y donde están en operaciones apenas 120 habitaciones hoteleras.

Muy cerca de allí, en la Bahía de Malagueta (una de las cuatro existentes en territorio tunero) es factible apreciar una variada avifauna, entre las que sobresalen numerosos ejemplares de flamencos rosados, patos, pelícanos y garcilazas.

Matanzas
De las 14 provincias en que se encuentra dividida la isla de Cuba, probablemente sea Matanzas la que cuente con un número más elevado y una mayor diversidad de atractivos turísticos, entre los cuales el balneario de Varadero resulta el más conocido y demandado en el mercado internacional.

Hace ya más de un siglo, el 5 de diciembre de 1887, el Ayuntamiento de Cárdenas aprobó la primera urbanización de esta zona de playa, ubicada en el punto más septentrional del país y extendida a lo largo de 22 kilómetros sobre la costa norte de la Península de Hicacos, un pedazo de tierra que durante más de 300 años había sido explotada sólo por la existencia allí de productivas salinas y tupidos bosques.

De ahí que no fuera hasta finales de la década de 1920 cuando, de la mano del multimillonario Irenee Du Pont, Varadero comenzara a ganar un espacio en el mercado norteamericano y, a partir de los años 30, en los itinerarios vacacionales de las clases altas cubanas.

Hoy este polo turístico –que junto a la Ciudad de La Habana reciben alrededor del 70% de la totalidad de visitantes que llegan a la Isla– cuenta con un aeropuerto internacional, una sólida y variada infraestructura hotelera y múltiples opciones para satisfacer los gustos más disímiles.

Finísimas arenas blancas y transparentes aguas de in imaginadas tonalidades azules, constituyen las virtudes mayores de su cuidada playa, apta para el disfrute de todos los deportes náutico-recreativos (con o sin motor) y, en particular, para la práctica del buceo, pues cuenta con 32 sitios de inmersión en una zona delimitada por la bahía de Matanzas y el extremo occidental del archipiélago Jardines del Rey.

Escenarios muy elogiados por los buzos son los que ofrecen el llamado blue hole Ojo del Mégano, enorme caverna localizada en los arrecifes cercanos a la bahía de Cádiz (cerca de los límites con Villa Clara), y el parque marino Cayo Piedras del Norte, primera y única atracción de su tipo existente y que ocupa un área de aproximadamente dos millas náuticas cuadradas.

Pinar del Río
A la más occidental de las provincias cubanas, Pinar del Río, le hubieran bastado sólo dos de sus múltiples atributos para atraer la atención del recién llegado a la Isla: el Paisaje Cultural de la Humanidad Valle de Viñales y el hecho de cosecharse en tierras de Vueltabajo el mejor tabaco del mundo.

Como Nueva Filipinas fue inscripta a mediados de la década de 1770 esta porción del territorio cubano, que ya para 1778 adoptó su nombre actual (correspondiente al de su pueblo más antiguo) y donde único existen dos Reservas de la Biosfera dentro de los límites provinciales: las de la Sierra del Rosario y la Península de Guanahacabibes.

Este grupo montañoso y la Sierra de los Órganos conforman la extensa Cordillera de Guaniguanico, que concentra la más notable riqueza paisajística y biológica de la región y tiene en el Pan de Guajaibón (699 metros sobre el nivel del mar) la montaña más empinada de todo el occidente de la mayor de las Antillas.

Ocupando un área de 132 km2 en la Sierra de los Órganos, el Parque Nacional Valle de Viñales destaca por la existencia de impresionantes montañas de laderas verticales y cimas redondeadas cubiertas por abundante vegetación conocidas como mogotes. Particularmente interesantes resultan, además, la gran cantidad de cuevas existentes en su entorno, que le adjudican un gran atractivo desde el punto de vista espeleológico.

La Cueva del Indio, atravesada por el río San Juan (navegable), y la de Juan Miguel, ambas en las proximidades, y el sistema cavernario de Santo Tomás, con más de 45 kilómetros de galerías enterradas en la cercana Sierra de Quemados, constituyen sitios de indiscutible valor en un espacio natural concebido, al parecer, para la realización de caminatas por senderos eco turísticos.

Una de las rutas verdes que mayor interés despierta entre los visitantes es la de los Acuáticos, que conduce desde la Sierra del Infierno (donde habita una comunidad campesina que rinde culto al agua, atribuyéndole propiedades curativas) hasta el Valle de Dos Hermanas, donde se disfruta de una enorme pintura realizada sobre la pared de un mogote y bautizada como el Mural de la Prehistoria.

Sancti Spíritus
La central provincia de Sancti Spíritus ostenta el privilegio de ser la única del archipiélago cubano sobre cuyo territorio se asientan dos de las primeras siete villas fundadas a comienzos del siglo XVI por el Adelantado español Diego Velásquez: la del Espíritu Santo y la de la Santísima Trinidad.

Ambas nacieron en 1514 y de la primera de éstas adoptó su nombre una de las 14 provincias en que se divide política y administrativamente la República de Cuba. Se trata de una región de terreno arcilloso y fértil; cubierta en un 15% por uno de los sistemas montañosos más importantes del país, la Sierra del Escambray, y que entre otros atributos cuenta con apacibles playas caribeñas bordeando la Península de Ancón.

Asentada invariablemente en las márgenes de una arteria fluvial, la ciudad capital, Sancti Spíritus, preserva en su centro histórico edificaciones que denotan la diversidad de estilos que durante tres siglos enriquecieron notablemente su enrevesado entramado urbano y entre las cuales destacan la Iglesia Parroquial Mayor, el Teatro Principal y el propio puente sobre el río Yayabo.

Sin embargo, es Trinidad –con toda justeza considerada una ciudad-museo la que posee uno de los conjuntos arquitectónicos coloniales más completos y mejor conservados del continente americano, un hecho reconocido por la UNESCO en diciembre de 1988, cuando la declaró Patrimonio de la Humanidad.

Una cruz a la sombra de un jigüe recuerda el sitio donde se presume que Fray Juan de Tesin oficiara la primera misa de la futura villa, en la Navidad de 1513. Muy cerca de allí se levantarían posteriormente la Plaza Mayor y la Iglesia Mayor de la Santísima Trinidad, que atesora entre sus piezas más valiosas el famoso Cristo de la Vera Cruz y un altar de mármol dedicado al culto de la Virgen de la Misericordia, único de su género en la Isla.

Esta es una ciudad que invita a recorrer sus calles empedradas y tranquilas y sus numerosas plazas; descubrir a cada paso historias conservadas con celo en media docena de museos, o en amplias y frescas mansiones de los siglos XVIII y XIX –en las cuales predominan las balaustradas, las barandas y rejas admirablemente trabajadas en metal y los techos de tejas criollas– , y donde se respira la misma atrayente atmósfera que siglos atrás llevó hasta allí a viajeros eminentes como el sabio alemán Alejandro de Humboldt.

Santiago de Cuba
Sus trascendentales valores histórico-culturales y la proverbial hospitalidad de su pueblo, de temperamento alegre y bullicioso, constituyen dos de los rasgos que más distinguen a la sur oriental provincia de Santiago de Cuba, considerada por su posición geográfica y orígenes étnicos como auténtica capital del Caribe.

A 1514 se remonta la fundación “aledaño a una enorme bahía de bolsa, bien resguardada y rodeada de montañas” de su núcleo urbano original, que en su ulterior proceso de expansión fue ajustándose perfectamente a las condiciones impuestas por el relieve irregular de la zona.

La explotación del oro y el cobre, inicialmente, y el cultivo del café (introducido luego por oleadas de emigrantes franceses) fueron en épocas de la colonia los principales rubros económicos de una ciudad que, asediada por corsarios, piratas y enemigos de la metrópoli española, requirió de intensos trabajos de fortificación, cuyo más alto exponente, el Castillo de San Pedro de la Roca, fue declarado por la UNESCO en 1997 Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Los santiagueros lo identifican sencillamente como el Morro y conocen que junto al Castillo de La Estrella y la batería de La Socapa forman parte del mayor y más completo ejemplo de ingeniería militar renacentista europea aplicada a las condiciones del Caribe por una potencia colonial.

Al amparo de semejantes fortificaciones creció Santiago de Cuba, en cuyo centro histórico mantienen su esplendor valiosos exponentes de la arquitectura colonial “de fuerte tradición andaluza y morisca” sobresaliendo la casa de Diego Velásquez, considerada la más antigua de la Isla, y la Catedral Metropolitana, ambas edificaciones muy cercanas a las dos arterias más populares de esa urbe: las calles Enramada y Padre Pico.

El Parque Céspedes resulta, sin dudas, el corazón de la única Ciudad Héroe de la República de Cuba, escenario el 26 de julio de 1953 del asalto al Cuartel Moncada, acción que señaló el comienzo de la última etapa de lucha por la liberación nacional, y donde reposan, en un impresionante monumento funerario del cementerio de Santa Ifigenia, los restos mortales del Héroe Nacional, José Martí.

Villa Clara
El proyectado desarrollo de una sólida infraestructura hotelera y extrahotelera en su cayería norte y la explotación de otros atractivos turísticos vinculados en lo fundamental con las tradiciones e historia de la región, deben llevar a Villa Clara a convertirse en el mediano plazo en un destino vacacional de preferencia dentro de la mayor de las Antillas.

Durante los últimos años, la central provincia cubana ha recibido mayoritariamente un turismo de circuito, atraído por la estrecha vinculación de su ciudad capital con la figura del legendario comandante guerrillero Ernesto Ché Guevara, quien en las postrimerías de diciembre de 1958 libró allí decisivos combates en la etapa final de la lucha por la definitiva liberación nacional.

Santa Clara es una ciudad pulcra y tranquila, fundada en 1689 y que tiene en el Museo Memorial erigido al Ché Guevara y sus compañeros caídos en combate en Bolivia, el teatro La Caridad (1885) y el parque Leoncio Vidal, sitios que merecen conocerse. Cuenta, además, con la ventaja que su propia posición geográfica le concede, colocándola a 267 kilómetros de Ciudad de La Habana, 74 de Cienfuegos, 207 de Varadero y apenas 88 de Trinidad.

Camajuaní, municipio eminentemente agrícola en el cual abundan los buenos torcedores de tabaco, y San Juan de los Remedios, octava villa fundada por los conquistadores españoles en la Isla (1515), son lugares de tránsito obligado camino a los cayos del norte y sobre todo la última requiere de toda la atención y tiempo disponible del visitante.

El centro histórico de Remedios, declarado en 1980 Monumento Nacional, es el único del país en cuya plaza principal existen dos iglesias: la de Nuestra Señora del Buen Viaje y la Parroquia Mayor, en la que existe un enorme altar totalmente enchapado en oro y una escultura –se presume que única en el mundo– que representa a la Inmaculada Concepción embarazada.

Mas lo que en verdad ha dado fama a este singular poblado son las tradicionales parrandas, cuyos orígenes se remontan al primer cuarto del siglo XIX y que desde 1871 dividen a la población en dos bandos: San Salvador y el Carmen, representados por un gallo de lidia y un gavilán, respectivamente, y que se enfrentan en ingenio, imaginación, música y bullicio desde la noche del 24 de diciembre hasta la mañana del siguiente día.


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